En la historia del Zulia, la fe y la cultura han marchado de la mano, entrelazadas por hombres y mujeres que han hecho de su vida un apostolado en favor del espíritu y la identidad regional. Uno de esos ilustres protagonistas fue el presbítero Ángel Ríos Carvajal, nacido en la ancestral tierra de los añú, Sinamaica, el 6 de mayo de 1912, y cuyo legado espiritual, cultural y social aún resuena al cumplirse hoy 113 años de su natalicio.
Proveniente de una familia humilde, forjada en las tradiciones de la Guajira zuliana, Ríos Carvajal sintió desde muy joven el llamado de la vocación sacerdotal. Su formación fue rigurosa y profundamente cristiana, marcada por sus años en el Seminario de Caracas, donde adquirió la sólida preparación teológica que lo acompañaría toda su vida. Ordenado sacerdote por monseñor Marcos Sergio Godoy el 21 de septiembre de 1935, su ministerio se desplegó con entrega en diversas comunidades zulianas, en las cuales sembró valores de fe, humildad y servicio.
Su primer contacto con el pueblo fue como cura párroco en la Ensenada del distrito Urdaneta y posteriormente en Los Puertos de Altagracia, sitios de fuerte arraigo popular donde supo conectar con la cotidianidad de los feligreses. Su vocación social se evidenció cuando ejerció como capellán de la Cárcel de Maracaibo y de las Siervas del Santísimo, ministerios que demandaban cercanía, consuelo y empatía con quienes enfrentaban la adversidad.
En su largo peregrinar pastoral también fue teniente cura de la iglesia de Santa Bárbara y cura rector del municipio San Francisco, hasta llegar a la cúspide de su labor religiosa como cura párroco de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, el templo mariano por excelencia del Zulia y símbolo de identidad regional. Su llegada a la Basílica marcó un hito en su vida y en la devoción zuliana. Consciente de la importancia espiritual y cultural del recinto, emprendió una profunda renovación de sus espacios y de la vida religiosa de la feligresía.
Durante su gestión en el santuario, en plena efervescencia del siglo XX, impulsó obras de gran relevancia. Entre ellas destaca la creación de un nuevo altar en 1966, pieza de imponente valor arquitectónico que hoy enaltece las ceremonias marianas y resguarda la venerada imagen de La Chinita. Asimismo, promovió la instalación de las estatuas de los obispos Álvarez y Godoy en el frontis de la Basílica, integrando en piedra y arte la memoria viva del episcopado zuliano.
Pero el padre Ángel Ríos Carvajal no se limitó a su rol eclesiástico. En él convivieron el pastor y el intelectual. Comprometido con la historia y la palabra, fue miembro de número del Centro Histórico del Zulia, ocupando el sillón V, y desde esa tribuna contribuyó con investigaciones, ensayos y conferencias que ayudaron a documentar y preservar la rica herencia del estado. Su pasión por las letras también lo llevó a dirigir el diario La Columna, desde donde ejerció un periodismo sobrio y educativo, que priorizaba la reflexión y el fortalecimiento de los valores ciudadanos.
Fallecido en Maracaibo el 3 de febrero de 1974, el padre Ángel Ríos Carvajal dejó tras de sí un legado multifacético. Fue el sacerdote cercano al pueblo, el historiador que defendió el legado zuliano, el periodista que usó la palabra para educar y el pastor que embelleció la casa de La Chinita para las generaciones futuras.
A 113 años de su nacimiento, evocarlo es reconocer a un hombre que consagró su vida al servicio de Dios y de su región. En las misas de cada aurora, en las peregrinaciones marianas y en las páginas de la historiografía zuliana, su nombre sigue resonando con fuerza serena. Porque Ángel Ríos Carvajal no solo guió almas, también edificó con amor y sabiduría un Zulia más consciente de su fe, su historia y su profundo sentido de pertenencia.
Crédito de la fuente: Esta nota ha sido elaborada a partir de la información contenida en el Diccionario General del Zulia, de Jesús Ángel Semprún Parra y Luis Guillermo Hernández, segunda edición, 2018, publicado por Sultana del Lago Editores.
