El 27 de abril se conmemora un momento clave en la historia de la memoria regional: la génesis institucional del Panteón del Estado Zulia, concebido por el Centro Histórico del Zulia en su sesión de ese día en 1949 como un espacio solemne para resguardar los restos de los zulianos ilustres. A pesar de los tropiezos que enfrentó en sus primeras décadas, esta iniciativa cristalizó finalmente en 1995, como resultado de un largo anhelo de reconocimiento a quienes han contribuido con su obra, pensamiento y lucha al engrandecimiento del Zulia.
Desde aquel 27 de abril de 1949, cuando el entonces reestructurado Centro Histórico del Zulia propuso al Ejecutivo regional la construcción de un Mausoleo de Hombres Ilustres, se desató un proceso complejo que involucró debates, búsquedas de ubicación, elaboración de proyectos de ley y voluntad política. Aunque inicialmente se consideraron espacios como la ermita de Santa Ana o el templo de San Felipe Neri, no fue sino hasta la gestión del gobernador Apolodoro Chirinos y la conmemoración de los 450 años de la fundación de Maracaibo que se oficializó la idea, mediante decreto del 24 de agosto de 1949. Sin embargo, el proyecto cayó en el letargo, hasta ser retomado décadas después.
Fue en enero de 1995, Día de San Sebastián, cuando la Asamblea Legislativa del estado Zulia, bajo la presidencia de Guillermo Lugo Sarcos, logró inaugurar el tan anhelado Panteón del Estado Zulia. La sede escogida fue el Templo Bautismal de la Cuadra Urdaneta, ubicado en la calle Obispo Lasso entre las calles Carabobo y Padilla del casco histórico marabino, con el respaldo de la Arquidiócesis de Maracaibo y CORPOZULIA. Desde su concepción, el Panteón tuvo como propósito fundamental servir como espacio de exaltación de los valores culturales, históricos y ciudadanos del pueblo zuliano.
Las primeras bóvedas fueron destinadas a los máximos símbolos del civismo zuliano: el general en jefe Rafael Urdaneta y el polígrafo Rafael María Baralt, cuyas bóvedas aún aguardan sus restos. El primero en recibir honores y traslado oficial fue el general Venancio Pulgar, gracias a las gestiones de Julio Portillo, entonces presidente de la Fundación Zuliana para la Cultura. A esta ceremonia inaugural se sumaron importantes discursos de figuras como el propio Portillo y Lugo Sarcos, y el acto litúrgico estuvo encabezado por monseñor Gustavo Ocando Yamarte.
Con el tiempo, el recinto se consolidó como un lugar emblemático de la memoria zuliana. En su interior, junto a las bóvedas funerarias, se exhiben obras religiosas talladas en madera por los artistas J. A. Villarroel y su hermano (Mérida, 1988), así como una vitrina central con el acta de bautismo del general Rafael Urdaneta y el escudo de su familia. En el costado derecho del mausoleo, la llamada Plaza de la Herencia honra a la familia Urdaneta con esculturas y medallones, y se exhiben también el escudo, la bandera y el himno del estado.
Hasta la fecha, han sido inhumados en el Panteón del Estado Zulia personalidades como Venancio Pulgar, Juan Nepomuceno Santana, Anselmo Belloso, José de Jesús Infante, Ricardo Aguirre, Francisco Ochoa, Udón Pérez, José Antonio Chaves, Julio Árraga, Manuel Puchi Fonseca, Adolfo De Pool, Felipe Pirela, Eduardo López Rivas y Humberto Fernández Morán. Además, se han realizado exaltaciones simbólicas —mediante medallones— de figuras emblemáticas como Nigale, Ana María Campos y Jesús Enrique Lossada, con esculturas del artista Douglas Soto.
El templo que alberga el Panteón es propiedad de la Arquidiócesis de Maracaibo, pero desde el 12 de octubre de 2002 su administración fue transferida a la Gobernación del estado Zulia. En 2007, se adscribió oficialmente a la Secretaría de Cultura del estado y, en 2017, mediante el decreto No. 1.438, se formalizó la creación de la Dirección del Panteón del Estado Zulia como órgano desconcentrado con funciones específicas de conservación, promoción e investigación patrimonial.
El Panteón del Zulia no es un culto a la personalidad, como se objetó en su momento, sino un acto de justicia histórica. Representa una pedagogía viva de los valores republicanos, una afirmación de la zulianidad y una manera de sembrar memoria entre las nuevas generaciones. Este espacio sigue creciendo en dignidad y significado como espejo de los hombres y mujeres que han hecho del Zulia una tierra ilustre.
