EDITORIAL: En Maracaibo se sigue haciendo cine… aunque el gobierno no lo note

En 1897, en Maracaibo se proyectaron las primeras películas venezolanas, y desde entonces hemos tenido más estrenos que promesas cumpolidas de  nuestros políticos. 128 años después, seguimos siendo pioneros… pero en producir cine sin un centavo de apoyo oficial. Un género único: el largometraje autofinanciado con milagros. Ahora que el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez está reparado, reluciente y listo para recibir público, la ciudad tiene un escenario cultural que no puede seguir siendo un museo silencioso o un escenario para bailar flamenco; con un cineasta al frente, el profesor Ionesco Troconis, la lógica indicaría que habrá cambios. La expectativa está ahí: que el Lía deje de ser solo sala de exposiciones y se convierta también en sala de proyecciones, espacio de talleres y refugio para los nuevos creadores: una residencia para que florezca el cine regional.

En nuestra ciudad no hay fondos regionales ni municipales para el cine, no hay leyes que incentiven la inversión privada, y no existe ni una deducción fiscal que anime a un empresario a decir: “vamos a patrocinar esa película en vez de otra carrera de 10 vueltas a la Vereda del Lago”. Patricia Ortega triunfa en festivales internacionales y en su tierra natal no hay ni un cine-foro para verla. Es como tener a un Premio Nobel en la familia y nunca invitarlo a la cena de Navidad.

Y luego está la gestión saliente de Viviana Márquez en la Secretaría de Cultura, que bien podría titularse la película que nunca hizo. Cuatro años en los que el séptimo arte fue tratado como el vecino incómodo que nadie quiere invitar a la fiesta. Ninguna convocatoria para nuevos creadores, ningún fondo para la produción cinematográfica, ningún ciclo de cineastas locales, ningún gesto de apoyo más allá de circulo de amigos; por el contrario, conocemos de los intentos funestos de sabotear festivales privados. Si su mandato se proyectara en pantalla grande, sería un plano fijo de una silla vacía. En el estado pionero del cine, esa desatención no solo fue incomprensible: sino que fue un insulto a nuestra historia cultural y a los creadores.

En contraste, desde la iniciativa privada surgen apuestas reales como Zulia LIVE, la productora audiovisual que lleva por bandera el lema Viviendo la zulianidad. Con ella estamos produciendo documentales que cuentan quiénes somos, cómo vivimos y qué historias merecen ser recordadas. Es prueba de que sí hay ganas, sí hay ideas y sí hay acción… pero que el esfuerzo individual no debería suplir las obligaciones de un Estado que, en teoría, dice defender la cultura.

El cine no es un lujo decorativo. Es identidad, memoria y motor económico. Es capaz de mostrar al mundo quiénes somos y de generar trabajo más allá del rodaje. Por eso, El Maracaibeño exige que los gobiernos regional y municipal creen fondos y becas de estímulo, apoyen con recursos reales la producción y la exhibición, y que el acceso a las salas sea para toda la ciudad, no solo para quienes viven cerca de los centros comerciales. También reclamamos la apertura de salas en el oeste de la ciudad. ¿De qué sirve decir que somos cuna del cine si hay barrios donde nunca han visto una película en pantalla grande? El Estado debería premiar a los empresarios que inviertan en abrir cines en esas zonas. Porque el arte no puede ser un privilegio exclusivo para los que viven en Bella Vista.

En Maracaibo, un grupo de cineastas mantiene encendida la cámara y la vocación creativa, trabajando con constancia a pesar de las limitaciones de recursos. Omar Arteaga (Ayer será igual que mañana, 2023), José Ignacio Salaverría (Sadface, 2024), Ariana Cooper (Mimicora, 2024), Elizabeth Lavares (La línea, próximamente), Robert Zambrano (Silencio y dolor, 2023), Gilberto Polo (La Olla, 2019) y Génesis Zambrano (Ciclos, 2023) representan un sector que continúa desarrollando proyectos y sumando obras al acervo audiovisual local. Otros creadores avanzan con producciones que, aunque en distintas etapas, forman parte del mapa actual del cine marabino. Rael Timaure (Zulianidad, 2025), Juan Martínez Badillo (Güelcom, 2021), Rita González (Jacinta, 2022), Gustavo Cohen (El hotel), Annette Naveda (Snowball), Lusiany Atencio (Por las ruedas de mi hermana), Rafael Varela (Acá no hay nada), Diego Pino (Valle inquietante) y Mariángel Blanco (Mefistófeles) llevan adelante propuestas que fortalecen la presencia de la ciudad en el panorama cinematográfico nacional.

También forman parte de este grupo Ofelia Torres (Todo nos traza, 2023), Keylin Márquez (Völva, 2024), Ángel Marín (La calle del Cristo, 2024), Karoll Chacín (Punto y coma, 2024) y Ricardo Villalobos (Punto y coma, 2024), quienes, junto a los demás, trabajan con determinación y creatividad para dar continuidad a una tradición cinematográfica que nació en esta ciudad. A este presente se suma la energía de los estudiantes de artes escénicas y de artes audiovisuales de la Facultad Experimental de Arte (FEDA), de quienes esperamos surjan nuevos cineastas que enriquezcan el relevo generacional. Sin embargo, ese potencial necesita apoyo público, becas, fondos y espacios para desarrollarse. Sin el respaldo de las instituciones, el talento puede quedarse en el aula en vez de llegar a la pantalla.

Y así, mientras las instituciones siguen ocupadas en cortar cintas de inauguraciones de pistas de hielo y posar para la foto, en Maracaibo se ruedan historias todos los días. No hay alfombra roja, ni flashes oficiales, pero sí cámaras que registran la vida, guiones que se escriben de madrugada y equipos que trabajan con más pasión que presupuesto. El gobierno puede que no lo note, pero se está grabado el espíritu de nuestra ciudad en este momento. Y cuando esas películas lleguen a las pantallas —si es que llegan— será imposible ignorar que el cine marabino existe, resiste y persiste. Cuando las autoridades descubran que apoyar el cine también es hacer política cultural, ya estemos celebrando otro aniversario del vitascopio y otro puñado de estrenos sin su ayuda. Mientras tanto, los cineastas seguirán filmando y nosotros seguiremos contándolo. Porque en esta ciudad, aunque el guion institucional sea un drama de burocracia y olvido, la película de la creatividad siempre encuentra la forma de proyectarse… con o sin permiso.

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Luis Perozo Cervantes

Autor de 23 libros. Productor audiovisual. Conductor del programa "Puerto de Libros - Librería radiofónica". Presidente-fundador del Movimiento Poético de Maracaibo. Creador del podcast Cuestionario Cervantes. Editor-Jefe de Sultana del Lago Editores. Coordinador del Festival de Poesía de Maracaibo y la Feria Independiente del Libro de Maracaibo.

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