Antonio Esteban Borjas Romero, nacido el 4 de agosto de 1913 en el caserío Pela el Ojo del municipio Santa Rita, y fallecido en Maracaibo el 9 de septiembre de 1992, representa una de las figuras más significativas de la medicina y la educación superior en el Zulia durante el siglo XX. Su vida, dedicada con entrega y vocación al progreso científico, académico e institucional de la región, encarna los valores más altos del servicio público y del compromiso con la identidad zuliana.
Médico cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1943, Borjas Romero se especializó en cirugía del corazón y grandes vasos, así como en cirugía ginecológica en el prestigioso Hospital John Hopkins de Baltimore, entre 1955 y 1956. Su trayectoria médica comenzó como adjunto en el Hospital Quirúrgico y Maternidad de Maracaibo —hoy Maternidad Castillo Plaza—, donde luego fue jefe del Servicio de Cirugía. También ejerció en el Hospital Universitario de Maracaibo y en importantes centros privados como la Policlínica Adolfo D’Empaire y el Centro Médico de Occidente. Fundó la Clínica Santa Ana y trabajó hasta 1986, combinando siempre la práctica médica con la docencia universitaria.
Fue refundador de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia tras su reapertura en 1946, donde se desempeñó como profesor de Anatomía Humana, jefe de cátedra y del Departamento de Ejercicios Quirúrgicos en Animales, entre otros cargos. También enseñó en la Facultad de Odontología y dirigió el Centro de Cirugía Experimental de LUZ. Su trabajo académico no solo formó generaciones de médicos, sino que también consolidó estructuras fundamentales para la enseñanza científica en el occidente del país.
Durante su estadía en Estados Unidos, participó activamente en el Mount Sinaí Hospital como asistente en cirugía experimental. En Venezuela, fue pionero en procedimientos como la simpatectomía toracolumbar izquierda y la suprarrenalectomía con técnica propia. Asimismo, introdujo la primera bomba de circulación extracorpórea empleada en el país para cirugía cardíaca, con la que realizó investigaciones pioneras en cánidos.
Su liderazgo lo llevó al gremio médico nacional, siendo miembro fundador de la Federación Médica Venezolana y de varias sociedades internacionales. Ocupó cargos directivos en el Colegio de Médicos del Zulia, la Sociedad Venezolana de Cirugía, y la Academia de Medicina del Zulia, en la cual fue miembro titular y luego emérito.
Como parlamentario, representó al Zulia en el Congreso Nacional (1959-1964), presidió la Comisión de Cultura de los festejos del Puente sobre el Lago y fue delegado especial ante el Congreso Nacional de Chile en ocasión de la repatriación de los restos de Valmore Rodríguez. En el ámbito institucional, presidió la Comisión Prorrescate del Teatro Baralt y fue directivo de FUNDALUZ y de la Caja de Ahorros de Profesores de LUZ.
Sin embargo, su legado más recordado se consolidó en su rol como rector de la Universidad del Zulia entre 1958 y 1968, período en el que se edificó la Ciudad Universitaria de Maracaibo, se fundaron nuevas facultades —como Arquitectura, Agronomía y Humanidades— y se establecieron los núcleos universitarios de Cabimas y Punto Fijo. También se crearon centros de investigación, la Ciudad Deportiva universitaria y el sistema de estudios nocturnos, ampliando la inclusión educativa. Fue él quien impulsó el cambio de nombre de Universidad Nacional del Zulia a La Universidad del Zulia, adoptando el emblema “LUZ” como símbolo identitario.
Antonio Borjas Romero fue también un hombre profundamente espiritual, interesado en el espiritismo, del que participó activamente junto a su esposa, la doctora Ana María Rodríguez, primera mujer zuliana en titularse como médica. Su vida profesional estuvo adornada con más de cincuenta condecoraciones, entre ellas la Orden Andrés Bello (Primera Clase), la Orden del Libertador (Comendador) y la Orden Ciudad de Maracaibo (Primera Clase).
Su nombre hoy honra diversos espacios emblemáticos: la Ciudad Universitaria de Maracaibo, el edificio administrativo de la Facultad de Ingeniería, el gimnasio de la Facultad de Humanidades, el auditorio de Medicina, la biblioteca de LUZ en Punto Fijo, una parroquia de Maracaibo y una calle en su pueblo natal. Este epónimo no solo recuerda su obra, sino que celebra su legado como uno de los más grandes forjadores de la cultura académica del Zulia.
