En un encuentro que resonó con energía creativa y profunda reflexión sobre los caminos contemporáneos de la imagen, la Escuela de Fotografía Vengoechea en Maracaibo recibió recientemente al artista visual Pich Urdaneta, quien compartió con los asistentes sus experiencias, procesos y experimentaciones en torno a la fotografía y el arte conceptual. El diálogo, cargado de anécdotas y provocaciones intelectuales, reafirmó la importancia de mantener abierta la búsqueda artística, especialmente en tiempos de incertidumbre.
Pich Urdaneta, reconocido por su mirada audaz y sus constantes exploraciones formales, ofreció a los presentes un recorrido por sus proyectos más emblemáticos. Desde su trabajo de documentación con Unicef en el Tapón del Darién —donde captó los colchones apilados de los migrantes, interpretándolos como banderas de geometría abstracta— hasta intervenciones más íntimas como las fotografías de su propia sangre vistas al microscopio, el artista evidenció su capacidad para transformar la experiencia cotidiana en potente reflexión visual.
Durante la conversación, Urdaneta relató cómo la pandemia de COVID-19, lejos de ser un obstáculo definitivo, se convirtió en un impulso creativo. «Tuve bloqueos creativos, pero en pandemia pensé que podíamos ponernos creativos», confesó. En respuesta a la parálisis global, organizó junto a otros artistas encuentros virtuales donde, cada quince días, se proponían pautas creativas para mantener activo el espíritu de búsqueda. Esta dinámica le permitió experimentar con nuevas técnicas y soportes, como las imágenes superpuestas de videollamadas o la fotografía conceptual utilizando ligas para representar el caos del mundo.
El artista también compartió su sensibilidad ante las realidades sociales. Así lo manifestó al hablar de su obra sobre la xenofobia en Panamá, donde proyectó mapas y pasaportes sobre cuerpos humanos como una forma de denunciar la exclusión y la estigmatización. Asimismo, comentó sus exploraciones de lo kitsch y lo simbólico en prácticas populares, como las representaciones comerciales de la fe religiosa, donde criticó la industrialización de los objetos devocionales.
Una de las revelaciones más impactantes de su charla fue su actual preferencia por medios alternativos a la cámara tradicional. «Ya no quiero hacer imágenes con una cámara, ahora lo hago con escáner», afirmó, demostrando que para él la esencia de la fotografía no reside en el aparato sino en la intención creativa que anima el acto de mirar y construir imágenes.
Pich Urdaneta también ofreció consejos valiosos para quienes buscan expandir su potencial creativo. Invitó a los asistentes a desarrollar proyectos personales donde prime la libertad sobre las restricciones externas, y a entender que «la incomodidad y el error son los amigos de la creatividad». Animó a utilizar herramientas como los mapas mentales para establecer conexiones insólitas entre ideas, y a practicar el ejercicio del “¿y si?”, como una forma lúdica de liberar nuevas posibilidades conceptuales.
Inspirado en propuestas como el documental The Five Obstructions de Lars Von Trier y Jørgen Leth, Urdaneta subrayó la importancia de abrazar las limitaciones autoimpuestas como estrategias para provocar saltos creativos. «Si da miedo una idea, es síntoma de que vas por buen camino», concluyó, en una afirmación que resonó entre los jóvenes fotógrafos y artistas que lo escuchaban.
El encuentro fue posible gracias al esfuerzo continuo de la Escuela de Fotografía Vengoechea, que se consolida como un espacio fundamental para el intercambio de saberes y el estímulo de nuevas generaciones de creadores en Maracaibo. Iniciativas como esta reafirman el papel de la cultura zuliana como semillero de talentos capaces de dialogar con las tendencias globales desde una identidad propia, resistente y en constante transformación.
La visita de Pich Urdaneta dejó en la atmósfera marabina la certeza de que la creatividad es, ante todo, un juego de valentía, error y preguntas abiertas. Así, Maracaibo sigue alimentando su espíritu artístico, apostando por el poder de la imaginación como motor de su cultura.
