Por Ricardo Wildman
La habitación de al lado (The Room Next Door — España, Estados Unidos, 2024). Dirección: Pedro Almodóvar. Guión: Sigrid Nunez y Pedro Almodóvar. Con Tilda Swinton, Julianne Moore y John Turturro. 107 minutos.
En el universo cinematográfico de Pedro Almodóvar, pocas veces nos hemos encontrado con un film tan contenido como La habitación de al lado, su esperado debut en inglés. El director manchego, conocido por sus melodramas enrevesados y su peculiar sentido del humor, nos presenta esta vez una obra que, aunque mantiene su distintiva paleta cromática y su obsesión por la perfección visual, se desarrolla en un registro notablemente más sobrio.
La película sigue a Martha (Tilda Swinton), una corresponsal de guerra que, tras ser diagnosticada con un cáncer terminal, decide tomar control de sus últimos días con la ayuda de su vieja amiga Ingrid (Julianne Moore). La premisa, adaptada de la novela de Sigrid Nunez, sirve como vehículo para explorar temas recurrentes en la filmografía del director: la muerte, la amistad femenina, y la compleja relación entre el deber y el deseo.
Visualmente, la película es un festín. El director de fotografía Eduard Grau captura cada escena con la precisión cromática característica de Almodóvar, desde la habitación de hospital bañada en azules hasta la casa modernista donde transcurre gran parte de la historia. Los interiores, meticulosamente diseñados, funcionan como personajes silenciosos que acompañan el drama que se desarrolla entre sus paredes.

Sin embargo, algo se siente diferente en esta incursión anglófona. Mientras que las películas anteriores de Almodóvar brillan por su profunda comprensión de la idiosincrasia española, por esa capacidad única de retratar los vínculos emocionales intergeneracionales tan propios de la cultura mediterránea, La habitación de al lado carece de ese sustrato cultural y folclórico que tradicionalmente ha dotado a sus obras de una resonancia emocional más profunda. Es precisamente esta experticia en el retrato de lo español lo que ha hecho de películas como Todo sobre mi madre, Hable con ella o Volver obras maestras del cine contemporáneo.
No obstante, lo que la película pierde en complejidad narrativa y profundidad cultural, lo compensa con las interpretaciones magistrales de sus protagonistas. Swinton y Moore entregan actuaciones memorables que sostienen el peso dramático de la historia. Swinton, en particular, construye su personaje con una delicadeza extraordinaria, transitando entre la aceptación estoica y la desesperación contenida con una precisión quirúrgica.
La película puede carecer de los giros argumentales y la densidad emocional que caracterizan las mejores obras de Almodóvar, pero logra algo igualmente valioso: crear un espacio de reflexión sobre la muerte que resulta tanto íntimo como universal. La manera en que aborda el tema de la eutanasia, sin sensacionalismos ni juicios morales, demuestra la madurez de un director que ha aprendido a modular su voz para adaptarse a diferentes registros narrativos.
La habitación de al lado demuestra la versatilidad de un director que no teme aventurarse en nuevos territorios. Lejos de los giros vertiginosos, la naturaleza del film es claramente contemplativa: se detiene a observar la muerte cara a cara como quien observa la nieve caer. Es una obra que permanece en la mente del espectador mucho después de los créditos finales, no por sus excesos melodramáticos, sino por su comedida elegancia y su honesta aproximación a temas universales. En este sentido, representa un nuevo capítulo en la evolución de uno de los cineastas más importantes de nuestro tiempo.
Imágenes: fotograma y póster del film.


