El viernes 5 de septiembre, la Sala Don Manuel Belloso del Centro de Bellas Artes Ateneo de Maracaibo se convirtió en un territorio suspendido entre el pasado y el presente con la inauguración de Y.T.S.N (2): Un pasado nada distante, exposición del artista Manuel Eduardo González. Esta muestra, continuación del proyecto Yo también soy naturalista, propone una experiencia estética y conceptual que interpela la manera en que ha sido narrado, representado y manipulado el paisaje venezolano a lo largo de la historia.
Inspirado por el diario del expedicionista inglés James Mudie Spence —quien recorrió Venezuela entre 1871 y 1872 y plasmó sus impresiones en La Tierra de Bolívar (1878)—, González reinterpreta aquellas miradas decimonónicas sobre nuestro territorio, no como testimonios inocentes, sino como construcciones ideológicas. A partir de estos registros, el artista desmonta la mirada colonial y la convierte en punto de partida para una narrativa plástica que desafía la versión oficial del paisaje como fondo neutro y lo transforma en archivo vivo: un espacio donde se inscriben el poder, la apropiación y la memoria.
La muestra, diversa en medios y formatos, se estructura en torno a tres grandes núcleos. El primero incluye pinturas sobre tela que reinterpretan grabados del siglo XIX. En ellas, González altera la composición original y introduce elementos que desestabilizan la lectura documental, dotando a las escenas de una crítica visual cargada de simbolismo. En el segundo núcleo, collages elaborados a partir de publicaciones antiguas generan nuevas narrativas fragmentadas sobre el territorio. Aquí, la técnica del ensamblaje actúa como metáfora del ejercicio historiográfico: armar y desarmar versiones, montar y desmontar relatos.
El tercer núcleo, tal vez el más inmersivo, se compone de instalaciones que combinan objetos recolectados, textos y elementos naturales, recreando expediciones ficticias y paisajes intervenidos. Estas piezas, que sugieren campamentos temporales o gabinetes de curiosidades, remiten a la obsesión científica del siglo XIX por clasificar el mundo, al tiempo que cuestionan sus supuestos de objetividad y autoridad. La presencia del video que acompaña la muestra —donde se incluyen fragmentos de textos de viajeros y pensadores— actúa como una cápsula de tiempo que pone en diálogo distintas épocas y discursos, y que recuerda que la mirada también es una forma de poder.
La propuesta de González se inscribe en una línea del arte contemporáneo venezolano que utiliza el archivo como herramienta crítica. Lejos de nostalgias vacías o del exotismo, su trabajo reconfigura los elementos de la historia visual del país para problematizar sus ausencias, sus silencios y sus ficciones. Como el propio artista señala: “El paisaje no es fondo, es archivo. Es donde se inscriben las huellas del tránsito, del poder, del deseo. Releerlo es también re-imaginar lo que somos.”
El Centro de Bellas Artes, una vez más, se consolida como plataforma para propuestas artísticas que no temen desafiar los modos establecidos de representación. Y.T.S.N (2): Un pasado nada distante no solo ofrece una experiencia visual poderosa, sino también un ejercicio de relectura crítica sobre los símbolos que han construido la imagen de Venezuela en el imaginario colectivo.
Esta exposición estará abierta hasta el 13 de octubre, invitando a marabinos y visitantes a recorrer sus paisajes intervenidos, a cuestionar sus fuentes, y a reconocerse —con inquietud, pero también con lucidez— en ese “pasado nada distante” que aún modela nuestro presente.
