El pasado miércoles 17 de septiembre, la sala baja Sergio Antillano del Teatro Baralt albergó un encuentro íntimo pero significativo en torno a la literatura zuliana contemporánea. En esta ocasión, el periodista cultural Alexis Blanco condujo el conversatorio titulado La Sultana dialoga con Maracaibo, centrado en la más reciente novela del escritor y académico Milton Quero Arévalo: Sultana del Ávila. La tertulia, que se inscribe en los esfuerzos constantes por visibilizar la creación literaria regional, reunió a un grupo selecto de asistentes, en su mayoría ligados al ámbito cultural y académico, quienes participaron activamente en una conversación serena y profunda sobre los derroteros de la narrativa zuliana actual.
La novela objeto de discusión, Sultana del Ávila, sitúa su historia en la Caracas teatral de los años setenta, y a través de un grupo de jóvenes estudiantes de artes escénicas, explora los temas de la libertad, la formación artística, la amistad y las tensiones sociales de la época. Milton Quero, con su habitual rigor documental y su sensibilidad literaria, teje una ficción que dialoga con la historia reciente y que invita a repensar la identidad desde las artes.
A pesar de la escasa concurrencia —inevitable reflejo de los desafíos que enfrenta la difusión del libro en nuestros tiempos—, el conversatorio contó con voces de peso. Entre los invitados especiales se encontraban el locutor y cronista León Magno Montiel, el poeta y gestor Alejandro Labrador, así como el actor y docente universitario Alejandro Borges, todos ellos comprometidos con la promoción del pensamiento crítico y la valoración del acervo zuliano. Junto al moderador Alexis Blanco, ofrecieron lecturas enriquecedoras que cruzaron la novela de Quero con los temas más urgentes de la cultura regional y nacional.
Durante el encuentro se abordaron aspectos formales y temáticos de la obra, haciendo énfasis en la manera en que el autor configura a sus personajes como seres entrañables, atrapados entre sus sueños personales y las estructuras sociales de la Caracas convulsa de los setenta. También se reflexionó sobre la noción de “sultana”, símbolo dual de poder y pertenencia, que en el imaginario del autor se convierte en puente entre su Maracaibo natal y su experiencia en la capital del país.
El conversatorio concluyó con una invitación abierta a leer y divulgar la literatura escrita por autores zulianos contemporáneos. Alexis Blanco, visiblemente conmovido, hizo un llamado a la ciudadanía para no dejar morir el hábito de la lectura, especialmente en un tiempo donde las distracciones digitales suelen restarle espacio al libro como objeto y a la palabra como acto profundo. “Leer a los nuestros es una forma de reconocernos”, expresó uno de los panelistas, sintetizando el espíritu de la jornada.
El Teatro Baralt, como siempre, demostró ser mucho más que un recinto escénico. Es, también, un espacio donde se cultiva la reflexión, donde la palabra tiene abrigo y donde la identidad cultural zuliana encuentra voces que aún resisten. Que este tipo de actividades, aunque modestas en asistencia, sigan encendiéndose como faros en medio de la tormenta, es una muestra del compromiso inquebrantable de nuestros trabajadores culturales y escritores.
