Este 2 de mayo de 2025 se cumplen 209 años del fallecimiento de Francisco Javier de Irastorza, sacerdote, educador y jurista canónico español que dejó una profunda huella en la historia educativa y religiosa de Maracaibo. Su vida estuvo marcada por la lealtad a sus principios y su firme compromiso con la formación intelectual y espiritual en tiempos de agitación política.
Nacido el 1 de diciembre de 1758 en Subijana de Morillas, España, Irastorza se formó como licenciado en derecho canónico en la Universidad de Oñate, destacándose desde temprano como un hombre de fe sólida y vasto conocimiento jurídico-religioso.
Su carrera eclesiástica floreció en la diócesis de Mérida de Maracaibo, donde ocupó importantes cargos: fue deán de la catedral de Mérida en 1792, vicario capitular en 1794 y 1799, juez general de diezmos en 1800 y comisario diocesano de la Santa Cruzada. A lo largo de sus funciones impulsó iniciativas educativas fundamentales, como las gestiones para elevar el Colegio Seminario de Buenaventura a la categoría de universidad y la creación de una edificación destinada a mujeres enajenadas, muestra de su sensibilidad social.
La irrupción de los movimientos independentistas en 1810 lo encontró como un fervoroso realista. Su fidelidad al Rey de España fue inquebrantable, lo que lo llevó a buscar refugio en Maracaibo en 1813, tras el avance de la Campaña Admirable de Simón Bolívar, que significó la caída de los bastiones realistas en otras regiones.
En Maracaibo, última plaza fuerte de la monarquía española en Venezuela, Irastorza desplegó una labor titánica. Fundó el Seminario de Maracaibo, institución destinada a la formación de futuros sacerdotes, que se convirtió en un pilar educativo y cultural para la ciudad. Además, creó una escuela de primeras letras, contribuyendo al acceso a la educación básica en momentos de gran inestabilidad.
Su influencia fue también de carácter político-religioso: tomó posesión del obispado de Maracaibo en nombre de Rafael Lasso de la Vega, el quinto obispo de la diócesis, actuando como su representante legítimo en tiempos de crisis.
Francisco Javier de Irastorza permaneció en Maracaibo hasta su muerte, ocurrida el 2 de mayo de 1816, en medio de un contexto de profundas tensiones políticas y cambios históricos.
Su figura representa no solo la defensa de la monarquía en un tiempo de revolución, sino también el esfuerzo por preservar y expandir la educación y los valores cristianos en medio de la adversidad.
Hoy, 209 años después, su nombre sigue ligado a la génesis educativa de Maracaibo y al esfuerzo por sembrar cultura y fe en una época convulsa.
Desde El Maracaibeño, honramos la memoria de Francisco Javier de Irastorza, reconociendo su aporte invaluable a la historia e identidad de nuestra región.
