Este 28 de abril de 2025 se cumplen 120 años de la muerte del doctor Joaquín Esteva Parra, figura monumental de la historia médica venezolana, pionero de la medicina científica y experimental en el país, y considerado el verdadero padre de la medicina en el Zulia. Su legado, aún vigente en instituciones, monumentos y reconocimientos, fue el fruto de una vida dedicada al estudio, la docencia, la cirugía y la innovación terapéutica.
Nacido en Santiago de Cuba el 3 de abril de 1830, José Isidro Esteva Parra llegó a Maracaibo a los cinco años, en 1836, junto a su familia. Hijo de un comerciante español, don Juan Esteva, y de la zuliana María Francisca Parra, creció entre dos mundos: el pragmatismo mercantil y la sensibilidad intelectual. Pronto se inclinó por la medicina, carrera que cursó en la Universidad Central de Venezuela, obteniendo su título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1853.
A su regreso a Maracaibo no tardó en marcar un hito en la historia de la medicina nacional. Fundó el primer Anfiteatro Anatómico de Maracaibo en 1854, al que seguirían la Cátedra de Anatomía Descriptiva y Fisiología (1855), el Laboratorio de Química y Farmacia (1858), la Cátedra de Obstetricia Privada (1869) y hasta un Curso de Anatomía Comparada en carneros (1870). Estas iniciativas fueron anteriores a las de José Gregorio Hernández, razón por la cual eminentes estudiosos como José Hernández D’Émpaire y Ernesto García Mac Gregor lo reivindican como el auténtico precursor de la medicina experimental en Venezuela.
Joaquín Esteva Parra fue también un brillante cirujano. Introdujo numerosas técnicas operatorias que aprendió en Europa, trajo consigo equipamiento médico de vanguardia para la época, y fue pionero en procedimientos como la traqueotomía por el método de Trousseau, la anestesia clorofórmica, el uso del laringoscopio, el cateterismo de la Trompa de Eustaquio, y la realización de la primera amigdalotomía con amigdalotomo en el país. Fue, además, el primer zuliano en practicar operaciones de cataratas, y el primero en emplear en Venezuela la jeringuilla de Pravaz, el subnitrato de bismuto y el bromuro de potasio para el tratamiento de la epilepsia.
Más allá de su labor médica, se distinguió como un educador excepcional. Fue rector del Colegio Nacional de Maracaibo (1854) y del Colegio Federal de Primera Categoría del Estado Zulia (1869-1870). Fundó la clase de medicina y fue docente de anatomía, química y fisiología, formando a generaciones de médicos zulianos que heredaron de él el rigor científico, la ética y la vocación de servicio.
La comunidad médica venezolana ha reconocido su legado de múltiples formas. En 1930, al conmemorarse el centenario de su nacimiento, se erigió un monumento en su honor en la Plaza Santa Ana de Maracaibo. Su nombre ha sido asignado a una promoción de médicos de la Universidad del Zulia (1954), a la biblioteca de la Facultad de Medicina, al Instituto Geriátrico de Maracaibo, a una unidad educativa del sector Paraíso, a una plaza pública, y a un premio del Colegio de Médicos del estado Zulia.
Franz Conde Jahn lo llamó “El Vargas Zuliano”, comparándolo con el insigne médico José María Vargas, mientras que Luis Razetti lo apodó “El Trousseau Venezolano”, por su excelencia como clínico y su capacidad de innovación. Ambos reconocimientos resumen su estatura como figura fundacional en la historia de la medicina nacional.
Joaquín Esteva Parra falleció en Maracaibo el 28 de abril de 1905, a los 75 años. Su obra científica y docente, pionera en tantos sentidos, marcó un antes y un después para la medicina venezolana. A 120 años de su muerte, su legado continúa vivo en cada aula, hospital y laboratorio del Zulia donde se honra la ciencia como camino de servicio humano.
