El 24 de abril de 1924 nació en El Caimito, actual municipio Miranda del estado Zulia, una de las figuras más queridas, polifacéticas e influyentes de la cultura y espiritualidad zuliana del siglo XX: el padre Luis Guillermo Vílchez Soto. A 101 años de su natalicio, su legado como sacerdote, promotor cultural, deportivo y gaitero sigue vivo en la memoria colectiva de San Francisco y del Zulia entero.
Más que un párroco, fue un símbolo de comunidad, compromiso social y alegría desbordante. Popularmente conocido como “el Socio de San Francisco”, este carismático líder eclesiástico dejó una profunda huella en la vida espiritual y cultural del estado, conjugando su vocación sacerdotal con una pasión inmensa por la educación, la música y el deporte.
El evangelio, la gaita y el deporte como trincheras de fe
Ordenado sacerdote en 1948, Luis Guillermo Vílchez inició su ministerio en Isla de Toas, donde rápidamente mostró su visión pastoral innovadora. No solo impulsó la vida cristiana, sino que organizó equipos deportivos como El Círculo Rojo, El Inca y Lourdes, desde donde promovió valores de fraternidad y disciplina.
En 1953 fue asignado como párroco de San Francisco, donde sirvió ininterrumpidamente durante sesenta años. Allí fundó el conjunto gaitero San Francisco del Padre Vílchez (1955), que se convirtió en semillero de agrupaciones infantiles como Los Zagalines, Las Espiguitas y Los Zagales. Con estas agrupaciones no solo transmitió su amor por la gaita, sino que forjó generaciones de músicos que encontraron en la tradición musical zuliana una fuente de identidad y pertenencia.
Desde su parroquia impulsó también la fundación del Liceo San Francisco (1959), pionero en su tipo en el sur de la ciudad y hoy convertido en la Unidad Educativa San Francisco, donde fungió como su primer director. Su compromiso con la educación popular se convirtió en un pilar fundamental de su obra social.
Un sacerdote con swing: el monseñor gaitero
Apasionado por el folklore y la gaita como medio de comunicación social, el Padre Vílchez compuso varias piezas, muchas de ellas con mensajes cristianos y sociales. Afirmaba que “la gaita es un evangelio popular”, y así lo predicó con cada verso, cada coro, cada ritmo.
Su labor cultural y pastoral lo hizo merecedor de múltiples distinciones. En 1998 fue galardonado con el premio SAPLEZ, por su contribución al desarrollo del deporte infantil. En 1999 fue nombrado capellán de Su Santidad Juan Pablo II y recibió el título honorífico de Monseñor. La Alcaldía del municipio San Francisco creó en su honor la Orden San Francisco de Asís, y la avenida principal del municipio fue bautizada con su nombre.
Además, su histórica iglesia del Santísimo Cristo fue ampliada y restaurada como basílica menor, en reconocimiento a su sesenta años de labor ininterrumpida en la comunidad.
Un legado que sigue floreciendo
Monseñor Vílchez falleció el 30 de agosto de 2013, pero su legado sigue palpitando en cada actividad cultural y pastoral que florece en San Francisco. En 2015 se instituyó el Premio Nacional de Gaitas Monseñor Luis Guillermo Vílchez, con una estatuilla que honra su memoria y que se otorga a los mejores exponentes del género.
A través de las letras, las voces infantiles y juveniles, las bandas escolares, los festivales gaiteros y las jornadas deportivas, el nombre del “Socio de San Francisco” continúa sembrando inspiración.
Luis Guillermo Vílchez fue más que un sacerdote: fue un apóstol del pueblo, un agitador de conciencias, un evangelizador con ritmo, un sembrador de esperanzas y un músico del alma popular zuliana.
