Por Florencia Pérez Calonga
Escorpio, escrita y dirigida por Julieta Otero. Con Miguel Ferrería y Sofía González Gil. En Teatro Picadero. Pasaje Santos Discépolo 1857. Funciones: Sábados 23:00 hs.
La sala del mítico teatro El Picadero se transforma en el ring de batalla de dos almas enredadas en un vaivén de pasiones y desencuentros. Este espacio nos confronta con una realidad que siempre está al acecho en el mundo de la convivencia: la crisis y el desgaste de la pareja. A través del humor, Escorpio nos invita a enfrentar estas tensiones sin caer en la desesperación. Interpretada por Sofía González Gil (Marina) y Miguel Ferrería (Sebastián), esta obra se presenta como una radiografía emocional de dos personajes que transitan un viaje de descubrimiento y transformación, mientras la rutina amenaza con devorar la pasión.

Marina es una actriz cuyo histrionismo parece no agotarse nunca. Vive cada momento como si estuviera en una película, adornando su cotidianidad con canciones, efectos lumínicos y sonidos. Su necesidad vital de llenar el vacío con ficción la convierte en un personaje entrañable, pero, a la vez, trágico en su exuberancia. González Gil logra plasmar esta transición desde lo expansivo hacia el silencio interno de manera magistral, haciendo de su recorrido emocional una montaña rusa que el público sigue con fascinación. Sebastián es la contraparte aparentemente más terrenal. Cansado de su herencia como herrero, busca en la rutina una paz que nunca llega, atrapado entre las escenografías teatrales que invaden su hogar y el resentimiento por no haber encontrado su lugar en el mundo. Él realiza un viaje inverso al de Marina: parte desde la contención y el hastío, para llegar al clímax de su exaltación emocional, regalando momentos de gran intensidad actoral.

Bajo la dramaturgia y dirección de Julieta Otero, Escorpio nos invita a sumergirnos en una relación amorosa donde la ironía y el dolor bailan al ritmo de las tensiones diarias. En este espacio de desencuentros y búsquedas identitarias, Marina y Sebastián no son solo dos treintañeros perdidos en el amor, sino también dos seres atrapados entre lo que son y lo que desean ser. La comedia aquí se convierte en un vehículo para relatar lo más profundo del desarraigo personal y la crisis de identidad. Otero construye su relato con un sentido del humor inteligente, plagado de dobles sentidos y exageraciones que permiten digerir lo trágico sin caer en el melodrama. Las referencias literarias y culturales, como ¿Quién le teme a Virginia Woolf? o a la propia poesía de Woolf, añaden una capa extra de profundidad a una trama que oscila entre la farsa y el drama, hablándonos de la imposibilidad de encontrar el equilibrio en las relaciones cuando uno mismo está descentrado.

En las relaciones, como en la vida, las personas se transforman y evolucionan, pero esta metamorfosis suele volverse casi invisible para quienes están más cerca de nosotros. En Escorpio, esta ceguera hacia el cambio del otro se expresa a través de la frustración de Sebastián, quien se encuentra atrapado en la proyección de un amor que ya no existe. Él desea estabilidad, una calma que nunca llega, mientras que Marina se lanza de cabeza al caos de la ficción, creando un espectáculo de su vida cotidiana. En medio de esta tensión, ambos intentan aferrarse a una versión idealizada de lo que fueron, sin darse cuenta de que la transformación ya ha sucedido.
El desgaste, entonces, se presenta no solo como una erosión de los sentimientos, sino como un choque entre la identidad que uno quiere mantener y la que inevitablemente emerge con el tiempo. Otero refleja esta lucha de forma ingeniosa, transformando lo que podría ser un relato de puro dolor en una comedia donde los personajes se ven envueltos en exageraciones, dobles sentidos y deformaciones de lo esperable. Este recurso permite que el público se ría de lo que, en otras circunstancias, sería difícil de digerir.

Pero bajo esta capa de humor, esta pieza nos enfrenta a preguntas fundamentales: ¿cómo enfrentamos el cambio en las relaciones? ¿Qué pasa cuando la persona que amamos ya no es la misma, o cuando nosotros mismos nos sentimos irreconocibles? Marina y Sebastián conviven en un espacio que parece empequeñecerse a medida que sus crisis se amplifican. El departamento que habitan, meticulosamente diseñado por Ariel Vaccaro como una estructura abierta, casi una radiografía de la vida íntima de la pareja, se convierte en el escenario de una batalla cotidiana, donde cada pequeño gesto se transforma en un símbolo de lo que ya no funciona.
En Escorpio, la comedia se despoja de su superficialidad para transformarse en un espejo donde la vida y el amor son examinados con crudeza y ternura. La obra nos plantea una pregunta ineludible: ¿es posible reírnos de nuestros fracasos amorosos y, al mismo tiempo, renacer a partir de ellos? Otero sugiere que sí. Y es en esa paradoja, entre la risa y la tragedia, donde la obra encuentra su mayor fortaleza. Porque el amor no siempre se trata de permanecer, sino de aceptar que el cambio es inevitable, y que a veces lo único que queda es encontrar nuevas versiones de nosotros mismos, solos o acompañados.
Fotos gentileza de prensa


