La mañana del martes 9 de diciembre de 2025 se apagó la voz de Ylse Judith Godoy Villasmil, una de las escritoras más queridas y respetadas del Zulia, nacida en Santa Bárbara del Zulia el 23 de mayo de 1942. Su fallecimiento, a los 83 años, deja un hondo vacío en el panorama literario y cultural regional, particularmente en el ámbito de la poesía social e infantil, donde dejó una huella luminosa y entrañable.
Ylse Godoy no fue solamente una escritora prolífica: fue, ante todo, una educadora apasionada y una promotora cultural incansable. Licenciada en Educación, mención Ciencias Pedagógicas, por la Universidad del Zulia, dedicó buena parte de su vida a la docencia y a la formación de nuevas generaciones de lectores y escritores. Su magíster en Literatura Venezolana, también obtenido en LUZ, consolidó una formación intelectual que supo articular con una sensibilidad especial hacia la infancia y la realidad social de su tierra.
Fue autora de una docena de libros, entre ellos La aventura de Luzmila, El canto valiente de los niños, Los pájaros milenarios de la selva y Templos sacerdotales. En todos ellos se revela una poética centrada en la belleza cotidiana, en la resistencia de la ternura y en la dignidad de los pueblos originarios, en especial los wayuu, cuya cosmovisión respetó y ayudó a visibilizar. Su obra La serpiente de Ayajui, publicada en 1995 tras largos años inédita, fue una colaboración única junto a Arcadio Montiel y Carmen Cecilia Rivas, donde se recopilan cuentos escritos por niños guajiros en formato bilingüe guajiro-español, acompañados por ilustraciones del maestro Gabriel Bracho. Esta obra es, sin duda, una de las más bellas expresiones del mestizaje lingüístico y cultural del Zulia profundo.
La escritora también se destacó como fundadora, en 1974, del grupo literario Ventana Sur, desde donde impulsó una nueva sensibilidad en la literatura zuliana, más vinculada a lo cotidiano, lo comunitario y lo femenino. Fue directora de las páginas literarias de los periódicos Crítica y La Columna, labor que compartió con Alfredo Áñez Medina, promoviendo la lectura y el debate intelectual en una región históricamente comprometida con las letras. Desde esa trinchera también reseñó, apoyó y divulgó a poetas jóvenes, escritores del interior y voces que luchaban por abrirse paso en un medio adverso.
Ylse Godoy desempeñó diversos roles gremiales: fue presidenta encargada y vicepresidenta de la Asociación de Escritores del Zulia, así como vocal de la Federación de Escritores de Venezuela, cargos que asumió con responsabilidad y firmeza ética. Defendió siempre el valor de la cultura como herramienta de transformación social, y nunca renunció a su compromiso con la región ni con el país, incluso en los años más oscuros.
Para quienes la conocieron de cerca, su muerte representa no solo la partida de una creadora notable, sino la pérdida de una mujer generosa, de palabras contundentes y firmes convicciones. En sus últimos años, ya retirada de la vida pública, Ylse Godoy continuaba escribiendo, leyendo y dialogando con la memoria. Su voz, que alguna vez escribió versos para los niños de Paraguaipoa, seguirá resonando entre los geranios de los jardines escolares, en los ecos de las gaitas que escuchaba en diciembre y en las noches del pueblo donde nació, Santa Bárbara del Zulia, esa tierra húmeda y fecunda que la moldeó.
La región la despide como a una de sus grandes sembradoras de luz. Su legado permanece vivo en cada verso que apuesta por la infancia, en cada palabra que exalta el alma popular, y en cada maestro o maestra que, como ella, entiende la literatura como acto de amor y servicio. Con su partida, el Zulia pierde una voz que cantó con el corazón abierto, pero su palabra seguirá latiendo en los libros, en las aulas y en los corazones que supieron escucharla.
