En la 11.ª edición del Festival de Poesía de Maracaibo, el centro de todas las miradas se dirige con respeto y admiración hacia el poeta zuliano José Ángel Fernández Silva Wuliana, a quien se rinde homenaje por su trayectoria y por su invaluable aporte a la literatura indígena venezolana. Reconocido por su obra bilingüe en castellano y wayuunaiki, Fernández ha elevado la voz de su pueblo al ámbito lírico con una intensidad que conmueve y transforma.
Nacido en La Laguna del Pájaro en 1961, este creador polifacético —sociólogo, antropólogo, educador, ensayista y traductor— ha dedicado su vida a la reivindicación estética de la cosmovisión wayuu. Su poesía, de aliento breve y profundidad espiritual, se inscribe en una tradición oral que dialoga con la palabra escrita, fundiendo imágenes ancestrales con estructuras contemporáneas. Libros como Cantos y pagamentos a la Madre Tierra y Apalaairua jee javeechiirua nujutumaajatü chi laülaakai Uuchi son muestra de una sensibilidad que conecta el desierto con el alma, la memoria con la resistencia cultural.
Fernández ha sido también un puente entre lenguas, territorios y generaciones. Su trabajo como traductor de obras clave —incluida la monumental Cien años de soledad al wayuunaiki— es una muestra de su compromiso con la preservación y difusión del idioma originario de su pueblo. En 2012 fue galardonado en México con el Premio Continental “Canto de América en Lenguas Indígenas”, consolidando su lugar como una de las voces más representativas del arte poético indígena en el continente.
El homenaje que se le ofrece en esta edición del festival no es sólo un acto simbólico, sino un reconocimiento profundo a un poeta que ha logrado darle forma lírica a una lengua milenaria. Su obra es un canto a la madre tierra, un eco de los ancestros, una señal viva de que el arte puede ser también herramienta de dignidad y resistencia. Con su estilo depurado y su mirada mística, Fernández nos recuerda que hay lenguajes que aún cantan desde la arena, el viento y la palabra sembrada con amor.
La comunidad poética zuliana y venezolana celebra este homenaje con gratitud, consciente de que en cada verso de Fernández habita la memoria de un pueblo y el porvenir de su palabra.
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