Itziar Pascual ha escrito una obra que recorre distintos avatares de la historia reciente española para superar la Pena
Resulta muy conveniente y necesario afinar con la edad recomendada para este espectáculo, pues uno se puede toparse con varios inconvenientes. Digamos que chavales de más de ocho años se pueden hacer cargo del tema (con las debidas indicaciones); no obstante, de menos, se les exigiría un esfuerzo de comprensión mayor y unas nociones previas que muy probablemente no tengan. Porque Itziar Pascualnos plantea un recorrido vital en España entre 1928 y 2018, lo que implica una serie de hitos históricos que deben ser comprendidos en algún aspecto. Sí que es cierto que se juega con toda una colección de imágenes en el fondo del escenario, como cortes de películas que dan cuenta de los bombardeos ocurridos en Madrid durante la guerra («¿Pero hubo aquí una guerra?». «Sí, U.») que ilustran convenientemente cada etapa.
«Esta es la historia de un niño… que venció trece veces a la que no puede ser nombrada…». Se refiere a la Pena, que, quizás, hubiera sido un título más evidente para esta obra; aunque seguramente con menos gancho para ese esperable público familiar. Sin embargo, de eso se trata, de contraponer los diferentes avatares de una familia humilde frente a la tristeza que puedan hallar; y, a su vez, la capacidad de nuestro protagonista para sortearla o asumirla o, incluso, vencerla. Pepito será un resiliente o, simplemente, alguien que hace de la fortaleza su mejor virtud. Una enseñanza de vida.
Leyre Abadía se pone al frente del montaje. Ya habíamos podido contemplarla en otros trabajos de Carmen Losa con bastantes concomitancias temáticas (La esfera que nos contiene o Levante). La actriz manifiesta una gran agilidad y se muestra clara en la dicción. Se apoya en unas cuantas máscaras y se ayuda de algunas sillas para recrear espacios, como un vagón de tren. Además, en un gran bolso de su mandil guarda a un pajarraco que va saliendo cada poco para dialogar con ella, como una conciencia indeleble: el gran símbolo de la Pena. De hecho, cuando aparece ella el asunto se templa y se hace más preciso; y algunas descripciones permiten aclararse más con el trasfondo. Porque pienso que el relato es demasiado veloz, que quieren apuntar demasiados momentos y los niños apenas tendrán asideros temporales para concatenar cada periodo o, al menos, darle un contexto coherente. Faltan repeticiones, recurrencias y algunos circunloquios. Me parece, en este sentido, que el camino es largo y que se salta de un lado a otro sin que los distintos personajes puedan «encarnarse» suficientemente. Por ejemplo, su madre, María, se nos puede quedar un poco lejos; ya que la narradora impone mucho su discurso y no se termina de adentrar totalmente en los caracteres.
En cualquier caso, la función es dinámica y nuestra intérprete se recorre con soltura todo el escenario. Se logra, ante todo, una atmósfera de trama consistente que, a pesar de que no tiene mucha aventura al uso, biografía nuestro país esbozando unas épocas repletas de dureza; sobre todo, para las gentes humildes que en esta propuesta se contemplan. Y para ello, no solo se circunscribe a Madrid, sino que viajamos a las fábricas textiles del Llobregat, después de la terrible contienda, en ese exilio interior que tantos obreros tuvieron que acatar. Allá en los Pirineos, un señor con sombrero, entre tanto, le ha dicho a nuestro Pepito: «Estos días azules y este sol de infancia» (últimos versos de Antonio Machado y que dan título al tomo de obras que recoge esta de la dramaturga). Escucharemos alguna frase en catalán, claro. Y luego regresaremos de vuelta a la capital para que nuestro protagonista curre desde bien chico y, después, se busque novia.
Es importante, por supuesto, escuchar cómo Pepito supera los malos tragos, los impedimentos y las penurias, ya sea el hambre o la ignorancia o la falta de dinero, con mucho ímpetu e inteligencia. Aunque la Sombra se mantenga acechante con el graznido, la esperanza ofrece luminosidad para emprender las soluciones. ¿Qué intuiciones crearán en su cabeza los espectadores más jóvenes? Estoy seguro de que cogerán de aquí y de allá, y de que muchas anécdotas de sus abuelos se complementarán perfectamente con lo visto.
Texto: Itziar Pascual
Dirección: Carmen Losa
Intérprete: Leyre Abadía
Espacio escénico y objetos: Juan Sanz e Isabel Cobo
Vestuario: Maite Álvarez
Espacio sonoro y videocreación: Luna Vídeo
Diseño de cartel: Erica M. Santos
Iluminación: ENT/NAE
Fotografía: Ander Iribarren
Vídeo y teaser: Jaime Díaz de la Hera
Producción: IREALA Teatro
Teatro Infanta Isabel (Madrid)
Hasta el 3 de noviembre de 2024
Calificación: ♦♦♦
Calificación de U: ♦♦♦
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